(…) Cartagena de Indias, una ciudad digna de mostrar, rica en historia y arquitectura, pero también marginal y con problemas sociales muy marcados. La mayoría de sus pobladores son de raza negra, pero al mismo tiempo se tiende a negar su existencia y su cultura. En ella existe una pluralidad de mundos y una variedad de entornos rechazados por un marcado, sutil y agresivo juego de dominación y de poder por parte de las elites, que han preestablecido y vendido la imagen de una ciudad bonita, que demarca y excluye la presencia de otras realidades urbanas como la de los barrios populares.

La otra Cartagena, la popular, la de las clases medias, la de otros centros no históricos ni turísticos, permanece anónima y oculta a la mirada del foráneo, del extranjero y también a una parte de los habitantes de ella, que están de espalda ante esa realidad paralela a la suya.

Desempleo, madresolterismo, ausencia espacios para la recreación, bajo índice de asistencia escolar, desintegración familiar, irresponsabilidad paterna, trabajo infantil, violencia intrafamiliar, delincuencia y drogadicción son las características que reflejan la realidad social de los sectores populares de la heroica Cartagena de Indias.

Pero esta fuerte tendencia de describir a los sectores populares a través de una mirada negativa no permite rescatar las fortalezas y valores de sus pobladores: la solidaridad, los fuertes lazos de amistad y el compadrazgo.

Así como la actitud positiva con que afrontan las inclemencias de su realidad, la falta de ambición e interés por atesorar bienes materiales y las manifestaciones culturales que se desarrollan al interior de las comunidades tales como las fiestas religiosas, fiestas novembrinas, comparsas y reinados populares, hacen de estas poblaciones una parte importante y esencial de Cartagena, de esa otra Cartagena que se niega y se discrimina.

Es en este escenario donde nace la Champeta un fenómeno musical y cultural pero ante todo social. La Champeta es un ritmo cargado de huellas de africana, con un gran contenido narrativo que refleja la realidad social de la Cartagena popular.

Estos ritmos caribeños y africanos que se fusionan y dan paso a la música Champeta, llegan para quedarse hace tres décadas, a través de los marineros y del intercambio cultural entre los puertos marítimos del caribe. Esta música se divulga por medio de los famosos “Pikós”, grandes escaparates de sonido, que rápidamente la popularizan en los sectores marginales donde sus moradores se apropian de ella.

Estos ritmos empiezan a aglutinar en la ciudad a un grupo de personas que le imprimen su propio lenguaje, un lenguaje popular y simple, que expone vivencias de la cotidianidad social y que le da valores a los pequeños detalles de un pueblo humilde, originándose así, la terapia criolla, que posteriormente es bautizada con el nombre de Champeta, música alrededor de la cual se identifican una gran parte de los cartageneros. Esta música es el medio de expresión, que los jóvenes que nacen en estos sectores de la ciudad han encontrado para hablar sobre si mismos y sobre su pueblo. Es así, como se sienten visibles ante esa otra Cartagena que quiere negarlos.

Bailar Champeta es reencontrase con la sangre africana. Es un rito donde se establece una estrecha relación entre cuerpo, música y lenguaje que se traduce en ingeniosas y eróticas formas de expresar y disfrutar el baile. Las parejas dialogan con sus cuerpos, se compenetran en uno solo, vibran y sienten la música al mismo tiempo que contonean suavemente sus caderas.

La Champeta llegó, se transformó y se quedó, siendo un aliciente para que los jóvenes, económicamente pobres, pero ricos en espíritu, pensaran en sí mismos y en su realidad, que a través de ella se hicieran sentir y resaltaran la importancia de su pueblo en la construcción de identidades culturales y en la realidad de esa Cartagena fragmentada.

Pero el gran reto para los que se identifican, crean y producen este ritmo es la de conservar la esencia, sentido y significado del contenido musical ante la gran comercialización que esta generando el furor de la música Champeta.

Se debe evitar que el auge de esta música sea efímero y producto de una moda, por el contrario es trascendental apreciar y cuidar el contenido que la ha caracterizado siempre, sin dejar de comercializarse para que todo el mundo la disfrute.

INTRODUCCION AL PROYECTO “CORPORACION CASA NACIONAL DE LA CHAMPETA: Un espacio de manifestación para un fenómeno
musical, cultural y social”.