VIDA COTIDIANA E IMAGINARIOS EN NUEVA YORK, CIUDAD DE MEXICO Y SANTAFE DE BOGOTA
Las actividades que la gente realiza en su vida diaria no son ni absolutamente azarosas ni están completamente determinadas. Corresponden en parte al resultado de múltiples influencias en función de sus deseos, intenciones y proyectos, de sus normas de conducta, de su representación y de las actitudes y valores adquiridos. Pero dependen también evidentemente, de las condiciones en las que viven las personas, de las posibilidades que les ofrece el entorno social, de su posición de clase, etc. A su vez, las actividades cotidianas en un ámbito dado no son independientes de lo que sucede en el resto de los ámbitos de la vida social. Todo este conjunto de estructuras (valores, representaciones, actitudes, posición social, y capacidad de decisión) que componen e intervienen en la actuación configuran y estructuran la vida cotidiana.
En otras palabras, las vidas cotidianas de la gente tienen que ver con las estructuras sociales en las que se hallan y también con los valores, las ideas y los ideales en los que han sido y son educados y reeducados.
En la medida que se es adulto y la gente se inserta en la vida social, su identidad y posición social se genera a partir de la articulación de las actividades que realiza en diferentes ámbitos y en la integración de los distintos planos de la personalidad social. Esta interacción y su resultado articulado es lo que se denomina vida cotidiana. La vida cotidiana de las personas gira en torno a cuatro esferas fundamentales: al trabajo, la familia, el tiempo libre y la actividad sociopolítica. Es así como las personas van conformando una imagen de sí mismas y un sentido de la identidad, que permea progresivamente toda su vida diaria.
Ahora bien, el presente escrito pretende hacer un análisis comparativo de cómo se lleva a cabo la vida cotidiana en tres grandes ciudades que, a pesar de que presentan algunos aspectos en común, son mas las particularidades que las diferencian. Ciudad de México, Santafé de Bogotá y Nueva York son grandes espacios en donde se viven un sinnúmero de vidas cotidianas; debido a su complejidad y formas de ser, estas ciudades permiten dar cuenta de la diversidad en todos los sentidos de la palabra, diversidad social, cultural, religiosa, política, etc. Es precisamente esta mezcla de vidas cotidianas, individuales y particulares, las que le dan forma a estas ciudades.
LA CIUDAD
Es necesario tener en cuenta el drástico cambio que sufre la ciudad dependiendo de la hora del día. La diferencia entre el día y la noche se marca en que la sociedad realiza la mayor parte de sus labores durante el día. Con el fin del tiempo diurno aparece la noche y con ella la oscuridad, que marca otro sentido de la vida social y cotidiana; da entrada a los tiempos de descanso, de ocio, de sueño, la vida sexual en la intimidad y en su comercialización, para hacer prevalecer en los ámbitos de lo privado la esencia del secreto.
Peligro y oscuridad son los enunciados de la noche, sobre todo cuando el que se mueve desconoce el territorio; y aún conociéndolo tiene que tomar precauciones. Las ciudades reproducen esta noción de miedo a la noche debido a que en ellas se desarrollan lugares y espacios en donde el peligro siempre está presente, lugares asociados con la delincuencia, la miseria, las drogas, la prostitución o simplemente por el hecho de ser oscuros se les tiene miedo y se evitan. Se tejen historias alrededor de estos lugares y no es claro aún como logran difundirse hasta el punto que se vuelven leyendas urbanas a las que todas las personas hacen caso. Se tejen así una serie de imaginarios colectivos alrededor de la noche como productora de miedo. Los individuos que habitan la noche presentan un cambio de actitud frente a la norma social, porque la noche así lo permite, los ojos castigadores están dormidos y es posible engañarlos, la noche ofrece intimidad y el silencio absoluto da pie para disfrutarla y vivirla.
Las tres ciudades que se analizaran podrían verse en un principio como incomparables debido a las características tan particulares que cada una presenta, pero al momento de habitarlas, caminarlas y vivirlas, es posible darse cuenta de que en las tres se construyen imaginarios y situaciones similares, a pesar de las diferencias étnicas, sociales y culturales presentes en cada una.
NUEVA YORK
La riqueza de Nueva York se halla en el caprichoso abanico de experiencias que determinan su vida cotidiana -dijo John Fitzgerald Kennedy- “y si las otras ciudades son sustantivos, Nueva York es un verbo". Esta cita puede interpretarse de diversos modos, pero lo cierto es que cualquier persona que pase en Nueva York un día o un año, vivirá una diversidad de experiencias tan amplia que comprenden historia, arquitectura, culturas, subculturas, costumbres y tendencias, todas en una sola ciudad.
El secreto para entender Nueva York podría ser entender a los neoyorquinos, pero desafortunadamente no será fácil encontrar muchos ejemplos para corroborar esta afirmación por la sencilla razón de que el neoyorquino no existe, o mejor dicho, el típico habitante de esta metrópoli es coreano, chino, italiano, puertorriqueño, ruso, indio, irlandés y quién sabe de cuántas otras nacionalidades.
Es una ciudad cuyo ritmo es vertiginoso. Incluso los semáforos son más rápidos a la hora de cambiar. Energía y adrenalina fluyen en Nueva York más que en ningún otro lugar del mundo. La “Gran Manzana” es y será siempre la capital cultural y creativa del mundo, el mayor centro financiero, el núcleo más importante en campos fundamentales como el cine, la televisión, la industria del libro, el teatro, el arte, la publicidad y la moda. Nueva York es ambivalente. Atrapa al instante, inspira, alarma y desanima poco después. No se puede ser neutral: o es amada o es odiada.
Caminar por Nueva York implica enfrentarse a contrastes, cada cuadra cambia de ambiente y de dinámica, los inmigrantes han tratado siempre de congregarse en una zona y esta se convierte en un pequeño ejemplo de su país de origen. Por supuesto, los olores siempre son cambiantes, la comida es un factor muy importante de la ciudad, es el elemento por medio del cual las personas pueden dar a conocer su cultura y pueden vivirla lejos de su territorio. Es así como se puede encontrar el sabor y olor que se desee.
La gente se mueve a velocidades impresionantes porque el tiempo siempre es corto, es necesario caminar a la velocidad reglamentada o de lo contrario la masa atropella. Nadie mira a nadie, porque solo se esta pensando en lo que se tiene que hacer en las próximas horas. El individualismo en su máxima expresión. Cada cual vive su propia vida cotidiana acondicionada a las reglas impuestas para mantener una ciudad con estas características en orden y equilibrio. Es un espacio que permite desarrollar las tradiciones y las costumbres de cada cultura siempre y cuando se acepte la diferencia. Es la ciudad de la tolerancia.
EL METRO: TODO UN LUGAR ANTROPOLOGICO
Más allá de su carácter funcional como medio de transporte, se ha convertido en escenario de expresiones artísticas: música, pintura, escultura, fotografía... todo tiene cabida en esta galería subterránea a la que diariamente asisten millones de espectadores. Los viajeros funden tímidas miradas en el interior de los vagones, andenes, escaleras, o en los interminables pasillos que recorren antes de ir al trabajo, a una cita, o al punto de encuentro con una atracción turística. Son visitantes de mochila al hombro, pobres con bufandas agujeradas, ricos con abrigos de piel, celebridades de gafas oscuras, figuras públicas y banqueros; blancos, negros, orientales, chicanos y un monje tibetano leyendo el New York Times; todos participando de la inevitable dinámica que se genera 24 horas al día en el metro de Nueva York. Para todos un medio de transporte, para muchos un dolor de cabeza, para las autoridades una vacuna en contra del caótico tránsito metropolitano, y para los estudiosos un laboratorio social invaluable.
Un ruidoso vagón descansa sus frenos al llegar a la estación. Viajeros apresurados entran y salen del tren que promete llevarlos a casa, al cine, al bar donde espera un amigo. Un hombre intercambia plegarias por un par de monedas mientras docenas de rostros anónimos se pierden en las escaleras tras el letrero de “EXIT”. Y en medio de este desorden, de esta rutina que no por ser diaria es menos caótica, una violinista le hace el amor a su instrumento. Algunos viajeros arrojan monedas al estuche vacío y continúan su camino, otros hacen una pausa y escuchan cómo la música muere un segundo tras la ensordecedora partida del tren. Durante todo este tiempo la intérprete mantiene orgullosa los ojos cerrados. Ella sabe que el rechinar de las vías forma parte de su repertorio de lunes, miércoles y viernes en el andén. Es una Busker, término que literariamente se refiere a "músico callejero", y que por extensión define a los bailarines, mimos, acróbatas y hasta contorsionistas que muestran su arte en alguna de las 468 estaciones con las que cuenta el sistema de transporte más extenso del mundo. ¿Exhibicionistas?, ¿desempleados?, ¿mendigos?, ¿o artistas comprometidos usando sus habilidades para entretener a la audiencia? Bueno, en el mundo de los Buskers hay un poco de todo.
Aunque podría parecer que el común denominador en estos artistas callejeros es hacerse de una forma de vida "sombrero por delante", no necesariamente se trata de artistas desempleados que mendigan por un poco de dinero, o de intérpretes sin preparación. Entre los cientos de hombres y mujeres que adoptan las estaciones del Metro como su propio escenario, se encuentran artistas con formación teatral o estudios musicales y de danza de prestigiosas universidades y academias. La razón que los impulsa a negociar su arte con una audiencia espontánea, a veces cruel e indiferente, en ocasiones atenta y respetuosa, no solo tiene que ver con la cantidad de monedas que se juntan en su sombrero al final de la jornada, lo que impulsa al busker a regresar cada mañana a buscar su pequeño escenario, es la invaluable oportunidad de ser escuchado, admirado y reconocido por miles de viajantes que se transportan en el Metro, siempre con la esperanza de que al menos uno de estos viajantes sea capaz de reconocer su talento. Con un tránsito humano de millones de usuarios diariamente, los andenes, pasillos y estaciones del metro representan para el busker una cita permanente con la mayor audición sobre el planeta.
Es así como el metro se convierte en un lugar donde la diversidad encuentra su máxima expresión, donde todo es posible. Allì, se tropiezan personas tan diferentes, que en otro lugar del mundo podrían estar matándose en una guerra religiosa, civil o por territorio, por diferencia de ideología o simplemente porque sí, pero en Nueva York y especialmente en el metro conviven evitando sentirse, se ignoran, no se miran y les toca tolerarse. Pero el Metro es también el lugar que se evita, al que se le tiene miedo porque no hay salida rápida cuando se presenta una situación de riesgo. Es el lugar al que todos tienen acceso y eso lo hace peligroso, porque incluye personas que pueden hacer daño y lo mas grave, es que puede estar sentado en el asiento del lado, un psicópata, un asesino en serie o bien un magnate multimillonario, un mesero, un estudiante o un trabajador común. Esta diferenciación es imposible reconocerla porque a simple vista, todos a pesar de ser distintos, parecen ser iguales. En este lugar la noche también es evitada pues la soledad produce aún más desconfianza y aunque los trenes funcionan durante toda la noche, los violadores, atracadores, drogadictos, mendigos, psicópatas, etc. (actores amenazantes y normalmente asociados con la noche) podrían buscar refugio en ellos y cualquier persona podría ser una víctima.
Después de caminar la “Gran Manzana”, de tratar de entenderla y de disfrutar de su principal característica, la diversidad, es inevitable sentir el equilibrio en el que se desarrolla este gran espacio. Es tanta la diferencia y la diversidad que en ella se vive que en vez de resultar caótico e insoportable, resulta interesante pues solo se necesita habituarse a la forma de ser de Nueva York para poder vivir en y con ella, con los demás, con esos otros a los cuales podría no tolerarse o no entenderse si se estuviera en un lugar diferente. Es así como se es Neoyorquino no porque así se sienta, o porque las personas se identifiquen con algo, sino porque es una forma de habitar esa ciudad específicamente, entender los códigos que se manejan y acatar las reglas. Antes de ser neoyorquino se es latino, judio, italiano, cubano, mexicano, griego, musulmàn, turco, hombre, mujer, homosexual, todo antes que neoyorquino.
Finalmente, caminar por Nueva York resulta sumamente gratificante y muchas veces desconcertante debido a la cantidad de cosas nuevas que se pueden ver e hibridaciones que se pueden encontrar, todo tiene siempre una razón de ser y una posible explicación, pero lo que nunca se ha podido explicar es ¿Por qué sale humo de las alcantarillas?
SANTAFE DE BOGOTA Y CIUDAD DE MEXICO: ¿PODRÌAN ENTENDERSE Y HABITARSE DE LA MISMA MANERA?
Cuando se empieza a pensar en las diferencias que pudieran existir entre Ciudad de México y Santafé de Bogotá se puede llegar siempre al mismo punto. Las diferencias se pueden entender si se piensa en torno a lo colombiano y a lo mexicano, es decir, lo que radicalmente diferencia las dos ciudades son las características de sus habitantes como hijos de un país (tradiciones, cultura, costumbres, etc.), lo que diferencia al mexicano del colombiano, pero si hablamos del “cachaco” o del “chilango”en vez de diferencias se encontrarían muchas similitudes. Podría hacerse la peligrosa afirmación de que tanto Bogotá como México cumplen y presentan dinámicas muy similares. Tal vez este hecho se deba a que son ciudades inmersas en la problemática latinoamericana y como tal presentan las características socioeconómicas de cualquier ciudad de América Latina.
En estas ciudades sus habitantes viven constantemente pensando en qué hacer para obtener el mínimo ingreso, porque los índices de desempleo son tales que no se vive sino se sobrevive. La gente vive la “cultura del rebusque” es decir que cualquier objeto puede ser la fuente de ingresos y cualquier medio es válido para promocionarlo y venderlo. Es así como la delincuencia, la inseguridad, el robo, son consecuencias de la injusticia social que se vive en estas ciudades, es un círculo vicioso que parece no tener fin. Llegan personas constantemente buscando oportunidades, llegan de todas partes convirtiendo las ciudades en espacios donde se mezclan todo tipo de situaciones y de personas, la ciudad es entonces un espacio de todos pero al mismo tiempo de nadie, es el espacio del que todos sacan provecho, pero ninguno cuida, sus habitantes no se identifican con nada porque siempre están pensando en volver a sus lugares de origen, es la ciudad que nadie quiere, que nadie respeta y en la que todos viven buscando algo a cambio.
De esta manera la ciudad se empieza a llenar de espacios urbanos que evidencian pobreza y delincuencia juvenil, espacios en donde la ley es desconocida y cada uno tiene una concepción propia de justicia. A estos espacios no entra ni siquiera la policía porque allá se tiene una forma propia de autoridad, espacios que muchos quieren desconocer y que no se quieren mostrar. Espacios que se esconden pero que son reales, que son evitados por personas que no están inmersas en la problemática, en esa vida cotidiana de muchas personas. La ciudad entonces es la acumulación de lugares no deseados, pero también de lugares dignos de mostrar, limpios y bonitos, de lugares cuya historia le da forma y significado a la ciudad, de lugares peligrosos, turìsticos, de rumba, etc.
Caminar por estas ciudades significa enfrentarse al tráfico, al ruido, a la inseguridad, a caminar sin mirar al que está caminando al lado porque podría ser amigo o enemigo, nunca se sabe. Significa desafiar el tiempo porque las distancias son tales y los obstáculos tan recurrentes que llegar a determinado lugar se convierte en toda una travesía. Significa desconfiar de cualquier desconocido que se atreva a hablarle, porque muy bien puede ser un agresor. Significa respirar impureza, oír una mezcla de todo tipo de ruidos y sonidos.
Además, de todo lo negativo que implique habitar estas ciudades, son espacios que dan cabida a todo tipo de acontecimientos, en donde lo privado y la intimidad juegan un papel muy importante porque cada cual vive lo suyo sin importar lo que hace el vecino. Son espacios en donde hay diversidad de ambientes y de panoramas, que cualquier persona puede encontrar su propio espacio, el lugar con el cual identificarse, del cual apropiarse y en el cual sentirse feliz.
Las tres ciudades han sido consideradas en algún momento de su historia como las ciudades más peligrosas e inseguras del mundo, debido a sus altos índices de delincuencia, violencia y muertes. Esto ha hecho que los imaginarios del miedo traspasen las fronteras de lo local, es decir, el miedo ya no lo siente solamente el ciudadano, el que habita la ciudad en su cotidianidad, sino que también lo sienten los visitantes, los extranjeros que llegan por determinado tiempo. Es así como ya no se evitan lugares determinados de la ciudad sino que se evita la ciudad entera. El miedo se justifica por la presencia de personajes que después de ser estereotipados son considerados como la amenaza, como productores de peligro, es el “otro” enemigo, es la forma de encarnar el mal en sujetos específicos generándose así discriminación y rechazo. Además de personajes, también se estereotipan zonas de las ciudades y se tejen leyendas a su alrededor, los lugares y las personas se estigmatizan.
Estas son ciudades marcadas por las diferencias sociales, por la marginalidad producto principalmente por los altos índices de migración de personas que buscan en la ciudad una mejor calidad de vida, pero lo que realmente aportan es aumentar la pobreza, el desempleo y hacer notar aún más la injusticia social. Son ciudades en donde la calle es y será siempre una reproducción de la desigualdad. La calle muestra los grupos que la sociedad no quiere ver. Es la calle a donde van a parar los excluidos de la sociedad, a quienes ésta última trata de esconder por ser los síntomas visuales y olfativos de su disfunción.
La relación pues entre la ciudad vivida individualmente y la ciudad imaginada colectivamente es de absoluta interdependencia, la forma como pensamos la ciudad es por una parte producto de nuestras propias experiencias, sensaciones y emociones, sintetizadas en imágenes y representaciones mentales de ella, pero es por otra, punto de partida para vivir y sentir la ciudad.

Walter Martinez dijo
Heidy:
Tienes la dfibra de la escritora y deseo que sigas ese camino pues prometes. El "estilo" se va haciendo y puliendo con la practica. la pasión por el oficio y la sensibilidad si nacen desde adentro y hay que seguir cultivándolas.
A cousin who feels proud of you...
Walter
7 Julio 2005 | 01:51 AM