Este libro es el resultado de un trabajo conjunto y concertado con las madres comunitarias del Jardín Infantil Comunitario de Bocachica, quienes individual y colectivamente, han aportado sus conocimientos ancestrales alrededor de la cocina, conocimientos que aunque han sobrevivido con el paso de los años, permanecen dormidos y son parte esencial de la forma de ser de la mujer bocachiquera.
Los niños del Jardín son el principal motivo que impulsa a estas mujeres a trabajar en el proyecto, el que tengan un presente óptimo y por consiguiente un futuro favorable, hace que sus madres indaguen en el pasado, reflexionen sobre sus prácticas culinarias y se esmeren porque este libro se convierta en un mecanismo por medio del cual, puedan en parte garantizar el bienestar de sus hijos.
La forma de recopilación de las recetas que se presentan a continuación tuvo dos procesos, el primero a nivel individual, en el que fue necesario adentrarse en la vida de cada madre, en su casa y en su pensamiento. Mientras hablaba sobre cocina era posible conocer cómo estaba distribuida su vivienda, quiénes la habitaban y cómo era su cotidianidad. Alrededor era posible ver a los niños jugando por ahí con un trompo o con bolitas de cristal, a la hija de corta edad amamantando a su hijo y al esposo trayendo el pescado para el almuerzo, elaborando artesanías o viendo televisión. Todo esto mientras el paladar de la mujer sentía de nuevo el sabor de las comidas del pasado y recordaba cómo la alimentaba su madre, mientras pensaba en los cambios que se han presentado a la hora de alimentarse luego que se adoptaran nuevos alimentos procesados, que se pueden comprar listos y no requieren de ningún proceso tradicional.
Cada charla podía durar horas, porque como alguna dijo una vez “recordar es vivir” y la comida es uno de los elementos que hacen que la nostalgia fluya al recordar los sabores perdidos. En la cocina de cada casa se podían ver los diferentes utensilios tradicionales, el palote, el rallador de coco y las champetas, pero también los modernos, la licuadora, la nevera y otros que le imprimen al espacio características de dos épocas diferentes. Estos utensilios modernos reflejan el hecho que muchas de las costumbres culinarias han desaparecido o han cambiado debido a la utilización de nuevos elementos que, aunque son más prácticos, transforman completamente el proceso y el resultado de los alimentos.
Al mismo tiempo la presencia de los utensilios tradicionales permite ver que, de todas formas, existe un arraigo a lo tradicional y que en la mente de cada cocinera permanecen las costumbres y el pensamiento de que anteriormente se cocinaba mejor porque a cada alimento se le brindaba el tiempo y la dedicación que requería.
De esta forma, invadiendo el espacio privado de cada casa, fue posible conocer cómo la vida de las mujeres en Bocachica gira alrededor de la cocina y es una forma de relacionarse en comunidad. Así como la crianza de los hijos, el préstamo de los utensilios de cocina y de los diferentes alimentos hace que se construyan espacios de socialización entre las mujeres generalmente vecinas y comadres, quienes promueven momentos de diálogo a partir del intercambio de ingredientes. Es así como las relaciones sociales giran muchas veces alrededor de la cocina.
El segundo proceso fue a nivel colectivo, la madres reunidas esculcaron en la memoria de cada una aspectos de la cocina que, aunque son inconscientes porque hacen parte de su vida diaria, construyen toda una tradición sobre la cual nunca habían reflexionado. Este proceso generó un espacio en el que las madres, se dieron cuenta de las cualidades y fortalezas que tiene su comunidad en general en cuanto al arraigo a sus tradiciones culturales; un espacio en el que pudieron pensar que su comida es única y que su sabor solamente es posible lograrlo si se sigue un procedimiento que solo ellas conocen; un espacio en el que se reconocieron como mujeres y como parte importante de su comunidad, en donde pudieron relacionarse unas con otras en actividades no cotidianas como lo eran talleres, reuniones y conversatorios que tenían como eje principal: hablar de la cocina; un espacio en el que se buscaba recuperar todos esos aspectos que se han perdido y resaltar los que aún permanecen, un espacio de discusión en el que se logró que el trabajo en equipo fuera determinante.
Además de lo que implicó recuperar tradiciones, el recopilar las recetas hizo que se pensara en lo que significa alimentarse, nutrirse y comer balanceadamente. Los niños se están viendo directamente beneficiados, pues sus madres han empezado a mejorar su alimentación y están generando inquietudes y preocupación alrededor de los problemas nutricionales de sus niños.
Este libro es entonces la materialización de todos estos esfuerzos que las madres comunitarias están haciendo para lograr su propósito y así como se están organizando para hacerlo, vienen también adelantando varias actividades paralelas al libro, en las que demuestran que son un grupo que se ha convertido poco a poco en un ejemplo para la comunidad por su forma de trabajar, de entenderse entre ellas y por demostrar su capacidad emprendedora y de colaboración. En este momento es posible ver un grupo de mujeres que trabajan por un bien común, solidarias, unidas y comprometidas. Este es un proceso de ellas, para ellas y sus hijos, que son finalmente el motor que genera los propósitos y las metas de este grupo de mujeres que se interesa por una mejor vida para los niños.

HEIDY MARTINEZ

Artículo incluído en el libro “SABORES DE BOCACHICA
achiote, candia, coco y compuesto”. De la Asociación de Padres de Familia del Jardín Infantil Comunitario de Bocachica.