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Terra
La Coctelera

CARTAGENA

LA CHAMPETA: UN FENOMENO MUSICAL, CULTURAL,PERO SOBRE TODO SOCIAL

(…) Cartagena de Indias, una ciudad digna de mostrar, rica en historia y arquitectura, pero también marginal y con problemas sociales muy marcados. La mayoría de sus pobladores son de raza negra, pero al mismo tiempo se tiende a negar su existencia y su cultura. En ella existe una pluralidad de mundos y una variedad de entornos rechazados por un marcado, sutil y agresivo juego de dominación y de poder por parte de las elites, que han preestablecido y vendido la imagen de una ciudad bonita, que demarca y excluye la presencia de otras realidades urbanas como la de los barrios populares.

La otra Cartagena, la popular, la de las clases medias, la de otros centros no históricos ni turísticos, permanece anónima y oculta a la mirada del foráneo, del extranjero y también a una parte de los habitantes de ella, que están de espalda ante esa realidad paralela a la suya.

Desempleo, madresolterismo, ausencia espacios para la recreación, bajo índice de asistencia escolar, desintegración familiar, irresponsabilidad paterna, trabajo infantil, violencia intrafamiliar, delincuencia y drogadicción son las características que reflejan la realidad social de los sectores populares de la heroica Cartagena de Indias.

Pero esta fuerte tendencia de describir a los sectores populares a través de una mirada negativa no permite rescatar las fortalezas y valores de sus pobladores: la solidaridad, los fuertes lazos de amistad y el compadrazgo.

Así como la actitud positiva con que afrontan las inclemencias de su realidad, la falta de ambición e interés por atesorar bienes materiales y las manifestaciones culturales que se desarrollan al interior de las comunidades tales como las fiestas religiosas, fiestas novembrinas, comparsas y reinados populares, hacen de estas poblaciones una parte importante y esencial de Cartagena, de esa otra Cartagena que se niega y se discrimina.

Es en este escenario donde nace la Champeta un fenómeno musical y cultural pero ante todo social. La Champeta es un ritmo cargado de huellas de africana, con un gran contenido narrativo que refleja la realidad social de la Cartagena popular.

Estos ritmos caribeños y africanos que se fusionan y dan paso a la música Champeta, llegan para quedarse hace tres décadas, a través de los marineros y del intercambio cultural entre los puertos marítimos del caribe. Esta música se divulga por medio de los famosos “Pikós”, grandes escaparates de sonido, que rápidamente la popularizan en los sectores marginales donde sus moradores se apropian de ella.

Estos ritmos empiezan a aglutinar en la ciudad a un grupo de personas que le imprimen su propio lenguaje, un lenguaje popular y simple, que expone vivencias de la cotidianidad social y que le da valores a los pequeños detalles de un pueblo humilde, originándose así, la terapia criolla, que posteriormente es bautizada con el nombre de Champeta, música alrededor de la cual se identifican una gran parte de los cartageneros. Esta música es el medio de expresión, que los jóvenes que nacen en estos sectores de la ciudad han encontrado para hablar sobre si mismos y sobre su pueblo. Es así, como se sienten visibles ante esa otra Cartagena que quiere negarlos.

Bailar Champeta es reencontrase con la sangre africana. Es un rito donde se establece una estrecha relación entre cuerpo, música y lenguaje que se traduce en ingeniosas y eróticas formas de expresar y disfrutar el baile. Las parejas dialogan con sus cuerpos, se compenetran en uno solo, vibran y sienten la música al mismo tiempo que contonean suavemente sus caderas.

La Champeta llegó, se transformó y se quedó, siendo un aliciente para que los jóvenes, económicamente pobres, pero ricos en espíritu, pensaran en sí mismos y en su realidad, que a través de ella se hicieran sentir y resaltaran la importancia de su pueblo en la construcción de identidades culturales y en la realidad de esa Cartagena fragmentada.

Pero el gran reto para los que se identifican, crean y producen este ritmo es la de conservar la esencia, sentido y significado del contenido musical ante la gran comercialización que esta generando el furor de la música Champeta.

Se debe evitar que el auge de esta música sea efímero y producto de una moda, por el contrario es trascendental apreciar y cuidar el contenido que la ha caracterizado siempre, sin dejar de comercializarse para que todo el mundo la disfrute.

INTRODUCCION AL PROYECTO “CORPORACION CASA NACIONAL DE LA CHAMPETA: Un espacio de manifestación para un fenómeno
musical, cultural y social”.

RECORDAR ES VIVIR La recuperacion cultural de Bocachica

Este libro es el resultado de un trabajo conjunto y concertado con las madres comunitarias del Jardín Infantil Comunitario de Bocachica, quienes individual y colectivamente, han aportado sus conocimientos ancestrales alrededor de la cocina, conocimientos que aunque han sobrevivido con el paso de los años, permanecen dormidos y son parte esencial de la forma de ser de la mujer bocachiquera.
Los niños del Jardín son el principal motivo que impulsa a estas mujeres a trabajar en el proyecto, el que tengan un presente óptimo y por consiguiente un futuro favorable, hace que sus madres indaguen en el pasado, reflexionen sobre sus prácticas culinarias y se esmeren porque este libro se convierta en un mecanismo por medio del cual, puedan en parte garantizar el bienestar de sus hijos.
La forma de recopilación de las recetas que se presentan a continuación tuvo dos procesos, el primero a nivel individual, en el que fue necesario adentrarse en la vida de cada madre, en su casa y en su pensamiento. Mientras hablaba sobre cocina era posible conocer cómo estaba distribuida su vivienda, quiénes la habitaban y cómo era su cotidianidad. Alrededor era posible ver a los niños jugando por ahí con un trompo o con bolitas de cristal, a la hija de corta edad amamantando a su hijo y al esposo trayendo el pescado para el almuerzo, elaborando artesanías o viendo televisión. Todo esto mientras el paladar de la mujer sentía de nuevo el sabor de las comidas del pasado y recordaba cómo la alimentaba su madre, mientras pensaba en los cambios que se han presentado a la hora de alimentarse luego que se adoptaran nuevos alimentos procesados, que se pueden comprar listos y no requieren de ningún proceso tradicional.
Cada charla podía durar horas, porque como alguna dijo una vez “recordar es vivir” y la comida es uno de los elementos que hacen que la nostalgia fluya al recordar los sabores perdidos. En la cocina de cada casa se podían ver los diferentes utensilios tradicionales, el palote, el rallador de coco y las champetas, pero también los modernos, la licuadora, la nevera y otros que le imprimen al espacio características de dos épocas diferentes. Estos utensilios modernos reflejan el hecho que muchas de las costumbres culinarias han desaparecido o han cambiado debido a la utilización de nuevos elementos que, aunque son más prácticos, transforman completamente el proceso y el resultado de los alimentos.
Al mismo tiempo la presencia de los utensilios tradicionales permite ver que, de todas formas, existe un arraigo a lo tradicional y que en la mente de cada cocinera permanecen las costumbres y el pensamiento de que anteriormente se cocinaba mejor porque a cada alimento se le brindaba el tiempo y la dedicación que requería.
De esta forma, invadiendo el espacio privado de cada casa, fue posible conocer cómo la vida de las mujeres en Bocachica gira alrededor de la cocina y es una forma de relacionarse en comunidad. Así como la crianza de los hijos, el préstamo de los utensilios de cocina y de los diferentes alimentos hace que se construyan espacios de socialización entre las mujeres generalmente vecinas y comadres, quienes promueven momentos de diálogo a partir del intercambio de ingredientes. Es así como las relaciones sociales giran muchas veces alrededor de la cocina.
El segundo proceso fue a nivel colectivo, la madres reunidas esculcaron en la memoria de cada una aspectos de la cocina que, aunque son inconscientes porque hacen parte de su vida diaria, construyen toda una tradición sobre la cual nunca habían reflexionado. Este proceso generó un espacio en el que las madres, se dieron cuenta de las cualidades y fortalezas que tiene su comunidad en general en cuanto al arraigo a sus tradiciones culturales; un espacio en el que pudieron pensar que su comida es única y que su sabor solamente es posible lograrlo si se sigue un procedimiento que solo ellas conocen; un espacio en el que se reconocieron como mujeres y como parte importante de su comunidad, en donde pudieron relacionarse unas con otras en actividades no cotidianas como lo eran talleres, reuniones y conversatorios que tenían como eje principal: hablar de la cocina; un espacio en el que se buscaba recuperar todos esos aspectos que se han perdido y resaltar los que aún permanecen, un espacio de discusión en el que se logró que el trabajo en equipo fuera determinante.
Además de lo que implicó recuperar tradiciones, el recopilar las recetas hizo que se pensara en lo que significa alimentarse, nutrirse y comer balanceadamente. Los niños se están viendo directamente beneficiados, pues sus madres han empezado a mejorar su alimentación y están generando inquietudes y preocupación alrededor de los problemas nutricionales de sus niños.
Este libro es entonces la materialización de todos estos esfuerzos que las madres comunitarias están haciendo para lograr su propósito y así como se están organizando para hacerlo, vienen también adelantando varias actividades paralelas al libro, en las que demuestran que son un grupo que se ha convertido poco a poco en un ejemplo para la comunidad por su forma de trabajar, de entenderse entre ellas y por demostrar su capacidad emprendedora y de colaboración. En este momento es posible ver un grupo de mujeres que trabajan por un bien común, solidarias, unidas y comprometidas. Este es un proceso de ellas, para ellas y sus hijos, que son finalmente el motor que genera los propósitos y las metas de este grupo de mujeres que se interesa por una mejor vida para los niños.

HEIDY MARTINEZ

Artículo incluído en el libro “SABORES DE BOCACHICA
achiote, candia, coco y compuesto”. De la Asociación de Padres de Familia del Jardín Infantil Comunitario de Bocachica.

LA GENTE DE BOCACHICA:

CARTAGENA DE INDIAS, TIERRABOMBA Y BOCACHICA

La isla de Tierrabomba y por supuesto el corregimiento de Bocachica, permanece paralela al dinamismo social de una ciudad fragmentada y como lo es Cartagena; hace parte de la pluralidad de realidades que habitan en ella y es otra comunidad más que a pesar de tener una serie de necesidades básicas insatisfechas, carencias económicas y ausencia de servicios públicos, alberga personas que le imprimen y aportan rasgos culturales ancestrales y tradicionales a la ciudad de Cartagena. Tierrabomba es para Cartagena su puerta de entrada. La ciudad de Indias es conocida por su arquitectura colonial lo que la ha convertido en un atractivo turístico; mientras que la isla dibuja la otra Cartagena, la menos rica e internacional y sin embargo es en ella donde aún se tocan los tambores de la historia.

Tierrabomba se sitúa en la bahía de Cartagena de Indias (Colombia). El Corregimiento de Bocachica fue durante la Colonia un punto estratégico para la defensa militar de la ciudad. Situada al margen del proceso urbanístico de Cartagena, Tierrabomba reúne condiciones favorables para convertirse en una zona de conservación ecológica, histórica y cultural.

La isla es entonces, un enclave fundamental para la reconstrucción del legado histórico y cultural que Africa hizo en la construcción de las Américas. Desde el comienzo de la trata, Tierrabomba parece haber sido un punto importante para la cuarentena de los esclavos que se recuperaban de las inhumanas condiciones del viaje y de las enfermedades antes de su venta en la ciudad de Cartagena.

Estos cabildos negros se convirtieron en refugios culturales de africanía y sitios donde se fueron elaborando y moldeando sentimientos e identidades que penetraron y modificaron la sociedad americana a través de sus fiestas y funerales, sus mitos y sus ritos, su vida cotidiana y su vida sagrada. Buena parte de la actual población de la isla debió tener su origen en la mano de obra esclava empleada para la construcción de las fortificaciones coloniales y conforman una población afrocaribeña con un importante acervo cultural.

La isla albergó numerosos esclavos provenientes de distintas culturas africanas que, al servicio de sus amos, trabajaron en la agricultura, la pesca, las canteras y la construcción de viviendas y fortalezas para la defensa militar de la entrada a la bahía. La tradición afrocaribe que se fue construyendo a lo largo de siglos de esclavitud y de incesantes luchas por la libertad dio origen a una serie de manifestaciones culturales que hoy día subsisten en la arquitectura, la organización social, la culinaria, las fiestas, los velorios, la música y la danza de los actuales pobladores de Tierrabomba que se encuentran asentados en cuatro poblados: Bocachica, Tierrabomba, Caño de Loro y Punta Arena.

La historia ha marcado indudablemente la vida de los bocachiqueros; pero lejos de sentir la sumisión o la marginalidad transmitida por los sistemas educativos de épocas pasadas, al señalarlos como esclavos, ellos argumentan con orgullo que los castillos, las baterías y los túneles coloniales son suyos porque se hicieron con la sangre de sus antepasados. Pero este sentimiento de identidad no ha podido materializarse aún en procesos de desarrollo social basados en la autoconfianza y en la autogestión. La marginalidad existe y es una sombra demasiado fuerte que oscurece la construcción propia de futuro.

LA BOCAHICA DE HOY
Bocachica específicamente, es una comunidad semi-urbana, con cerca de 4.000 habitantes, que se concentran en dos barrios, “Barrio Arriba” y “Barrio Abajo”, los cuales se han ido extendiendo hasta unirse con zonas marginales, que se corresponden respectivamente con los sectores del “Hoyito” y del “Sinaí”. A pesar de que no es posible estratificar la población, si existen diferencias que se determinan principalmente por el poder adquisitivo de la familia, que se refleja en la alimentación, los enseres con los que cuenta la vivienda y la construcción y fachada de las casas. Por tal razón unos sectores son más marginales que otros y el valor comercial de las casas responde a este hecho.

La población de Bocachica específicamente, a pesar de estar a solo 10 minutos en lancha de la ciudad más turística de Colombia, se enfrenta a condiciones de vida muy precarias donde la mayor parte de sus necesidades básicas están insatisfechas; en la isla no hay agua dulce, ni acueductos, no existen sistemas de saneamiento básico, no hay alcantarillado, ni disposición adecuada de basuras y la situación de la infraestructura urbana es deficiente.
Bocachica no cuenta con ningún tipo de servicio público a excepción de la luz eléctrica que fue instalada hace 6 años, por tal razón suplir las necesidades propias de estos servicios se convierten en una actividad cotidiana más. El agua potable la suministra un “bongo” (especie de canoa gigante que transporta el agua) que llega dos veces a la semana de Cartagena. En algunas casas de la comunidad se han construido albercas en donde se almacena el agua y todas las personas compran ahí las “latas” (baldes de 2 galones) de agua que necesitan para su consumo, para cocinar y para bañarse. Cada vez que llueve, las mujeres salen al patio de las casas a poner recipientes y recoger las aguas lluvias a las que llaman agua de “pozo”, y es utilizada para bañarse y para la batería sanitaria. Es así como la compra, recolección y transporte de agua se convierte en una actividad cotidiana.

No existe un sistema de recolección público ni tratamiento de basuras. Algunos residuos son quemados pero otra parte importante es depositada en las playas y en el mar, ocasionando la consiguiente contaminación medioambiental del poblado. No existe una conciencia por parte de la gente en cuanto al manejo de las basuras con el agravante que el gobierno local y distrital no adelanta ningún tipo de programa de recolección de basuras ni de educación al respecto, hecho que imposibilita tener un manejo adecuado de las mismas.
Los niños son los más perjudicados por la deficiente situación sanitaria de la isla y las precarias condiciones de vida de sus habitantes. Las enfermedades más frecuentes son la desnutrición que se presenta en niños de todas las edades que a pesar de estar al lado del mar, no siempre tienen acceso al pescado o a otro tipo de proteína; la diarrea por el consumo de agua no tratada; y la dermatosis producto de la contaminación ambiental.
La comunidad no cuenta con servicio médico permanente que esté dotado en instrumentación y medicamentos para atender emergencias y enfermedades complejas; para obtener atención médica las personas deben trasladarse a la ciudad corriendo el riesgo de no ser tratado a tiempo. El centro de salud cuenta con algunas medicinas para el dolor, el médico no permanece allí y el servicio lo presta una auxiliar de enfermería que no está capacitada par atender enfermedades graves.

El grado de natalidad es muy alto, debido principalmente a la falta de dinero para acceder a los métodos anticonceptivos y más aún por falta de educación en términos de planificación familiar. Las mujeres empiezan su vida sexual a muy temprana edad y quedan embarazadas varias veces en su vida. Por tal razón la población infantil es la más numerosa.

El 70% de las familias no dispone del ingreso mínimo mensual establecido por el gobierno y “el rebusque” es la actividad de muchas personas que deambulan diariamente por las turísticas playas de Cartagena ofreciendo los más variados servicios de masajes, trencitas, artesanías, etc. Los principales sustentos económicos provienen del turismo, comercio y pesca.

Al estar la comunidad asentada en una isla, permite que sus pobladores desarrollen actividades alrededor de este hecho. Alrededor del mar giran todas las actividades cotidianas de la gente. La pesca es la principal actividad generadora de ingresos económicos familiares. Es una actividad realizada por el hombre cabeza de familia y a medida que sus hijos varones van creciendo, se convierten en ayudantes de sus padres en la labor. Las jornadas de pesca son en la madrugada o en la noche; se hace artesanalmente con herramientas como trasmayo o red, arpones o a pulmón con careta y snorkel.

Se atrapan todo tipo de animales, pues al acceder al mar abierto la fauna es más diversa, a pesar de que no existen vedas o temporadas de pesca de especies según el tiempo de reproducción, hecho que no permite realizar una labor de pesca controlada y limitada. Por tal razón en la actualidad la pesca ha disminuido considerablemente y muchas especies han ido desapareciendo. La pesca diaria es vendida a los turistas que diariamente visitan las playas de la isla o es llevado a Cartagena para venderse de manera ambulante o en el mercado de Bazurto y el pescado atrapado de bajo peso se deja para el autoconsumo.

Debido a la posibilidad y la riqueza que brinda el mar, la alimentación y la cocina en Bocachica es una actividad alrededor de la cual se tejen un sinnúmero de lazos familiares y sociales. La vida de las mujeres en Bocachica gira alrededor de la cocina, es una forma de relacionarse en comunidad y de obtener ingresos adicionales para la familia. En la playa es posible encontrar algunos pequeños restaurantes que atienden a los turistas, en donde se puede comer pescado fresco, arroz y ensalada, como plato tradicional, o langosta, Salpicón de Tollo (Tollo es el nombre con el que se conoce una especie de tiburón pequeño apto para el consumo, su preparación requiere de tiempo y dedicación por tal razón es un plato muy apetecido y costoso además porque el animal es difícil de conseguir) y ceviche de mariscos como platos especiales. Estos platos que los visitantes pueden probar, son apenas una muestra de la gran diversidad y exquisitez gastronómica que existe en el saber tradicional de la mujer bocachiquera; y a pesar de que el acondicionamiento de los restaurantes es mejorable, el conocimiento culinario y el sabor de los platos es muy valorado por el visitante comensal.

Así como la crianza de los hijos, el préstamo de los utensilios de cocina y de los diferentes alimentos, hace que se construyan espacios de socialización entre las mujeres generalmente vecinas y comadres, quienes promueven momentos de diálogo a partir del intercambio de ingredientes. Es así como las relaciones sociales giran muchas veces alrededor de la cocina. Las actividades cotidianas desarrolladas en la cocina, se realizan en el marco de unas intensas relaciones sociales lo cual conlleva a que las amas de casa vivan siempre ocupadas, pues la permanente interacción que se desarrolla diariamente entre comadres, vecinas y parientes implica un ritmo de trabajo lento donde es más importante el hecho social que el resultado doméstico. Las mujeres de Bocachica siempre están muy ocupadas y por eso, explican ellas, no podrían trabajar fuera de sus casas y mucho menos fuera de la comunidad, en Cartagena. Tampoco quieren salir de sus casas y sectores porque ellas saben que son el eje del núcleo familiar de una sociedad matriarcal en la cual se acepta culturalmente que el hombre haga parte de varios hogares, pero no la mujer.

Otra actividad importante es la elaboración y venta de artesanías. Bocachica esta estratégicamente ubicada para la visita de turismo proveniente de Cartagena y de diferentes partes del mundo. Hace 10 años el turismo que llegaba era abundante y era posible encontrar puestos en donde vendían todo tipo de mercancía de contrabando que le compraban a los buques que arribaban a la ciudad; la loza proveniente de la China era muy común encontrarla. Las personas de clases altas de Cartagena llegaban los Domingos a Bocachica a pasar el día en familia y el ingreso de dinero a la población producto del turismo era importante.

Con el auge del turismo a las Islas del Rosario, Bocachica pasó a ser un lugar menos atractivo para las empresas que ofrecen planes turísticos, este hecho y el asedio por parte de los nativos de la isla al turista pidiendo limosna, ha llevado paulatinamente a la disminución de visitas turísticas y por consiguiente de ingresos. Sin embargo el oficio de los artesanos es la segunda actividad generadora de ingresos familiares, igualmente es desarrollada por los hombres quienes comercializan su trabajo ya sea en las playas de Bocachica o en las diferentes zonas turísticas de Cartagena. Las artesanías que allí se elaboran son solo un ejemplo de la forma como la comunidad se integra a las nuevas condiciones que impone el turismo.

Alrededor de esta actividad se teje una relación entre los materiales con que se hacen los objetos y la alimentación, todas las producciones artesanales resultan de la utilización de materiales que se consiguen en el territorio mismo como es el coco que siendo uno de los ingredientes fundamentales de la comida, también lo es de las artesanías. En otras palabras, la leche que de él se extrae es fundamental para la sazón, y el caparazón que protege su carne y su jugo sirven para hacer carteras, vasos, cinturones y jarras. Del fruto de las palmeras se aprovecha todo, casos semejantes son el tamarindo y el caracol. Otros materiales como hueso de res, semillas que nacen en el monte, madera, y los provenientes del mar como lo es el coral, las conchas, los caracoles, sirven para elaborar y ofrecer una amplia gama de productos muy apetecidos y valorados por los visitantes que llegan a la isla.

Adicionalmente el hombre se desempeña en diferentes labores como carpintería, albañilería, electricidad, como conductores de lancha y otros oficios que aunque no le dan una estabilidad laboral permiten dar sostenimiento económico a sus familias. Esta muy nombrada economía informal, apenas es de subsistencia. Son muy pocos los que logran incrustarse dentro del sistema para ser trabajadores de las empresas o bien en el sector turístico y hotelero. Esta marcada reducción e invisibilidad del aparato estatal, con el desempleo, van aumentando el ejercicio de los jóvenes desocupados, los que apenas encuentran cómo ganarse la vida vendiendo por ahí, pero que también al no encontrar actividad alguna para utilizar el tiempo libre, se dedican a la delincuencia, drogadicción y prostitución no necesariamente dentro de la comunidad y si en diferentes zonas de la ciudad.

En la isla existe un bajo nivel de educación; la población cuenta con un Jardín Infantil que funciona bajo la supervisión del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y alberga 120 niños de los 2000, población total de niños en edad preescolar. El alto porcentaje de deserción escolar se debe a falta de interés por parte de los padres en cuanto a la educación de sus hijos pues consideran que en la casa el niño recibe la “corrección” que necesita desconociendo la importancia del desarrollo físico e intelectual de sus hijos. Adicionalmente existe un colegio que ofrece primaria y bachillerato, pero una vez que los adolescentes acaban los estudios de bachiller no pueden continuar su formación en la universidad, ya que no pueden afrontar el gasto económico que ello supone. La delincuencia y el narcotráfico amenazan el futuro de estos jóvenes.

La mujer por su parte se dedica a la crianza de los hijos, pues no está bien visto socialmente que la mujer abandone el hogar para dedicarse a otras actividades y la mayoría de las veces sus maridos no les permiten trabajar. El cuidado de los niños es comunitario, es decir, relaciones como el compadrazgo están muy presentes en esta comunidad y este lazo permite compartir muchas actividades propias de la familia como la cocina, el préstamo de dinero, el intercambio de utensilios e ingredientes, el préstamos de electrodomésticos, los “mandados”, el cuidado en la enfermedad y crianza de los niños en cuanto a la educación formal y de transmisión de buenas costumbres, tarea de responsabilidad directa de la madre, de la abuela o bien de la comadre o vecina.

Por su parte, las funciones asignadas al hombre para el reconocimiento de la paternidad se relacionan con el aporte económico específicamente y muy pocas veces tienen que ver con la educación de los niños. Por tales razones adentrarse en el mundo de la familia Bocachiquera, es aproximarse a una complicada estructura que gira alrededor de los lazos comunitarios y cuyas relaciones están fundamentadas por vínculos de afecto y afinidad determinados por la mujer principalmente. Este tipo de convivencia le imprime a la gente de Bocachica características de solidaridad y respaldo hacia los demás.

En los tiempos de ocio las mujeres salen a visitar a sus vecinas o comadres, siempre con el permiso de su marido, se hacen el “alizer” (producto que utilizan para alisar el pelo, el cual deben repetirse cada mes), la uñas y se convierte en un espacio para ponerse al tanto de la vida de los demás. Los hombres por su parte se reúnen a jugar dominó o billar, acompañados de cerveza o ron al son de vallenato, champeta o reggaeton. Los más jóvenes deambulan por ahí sin tener mucho que hacer, le ayudan a sus padres, hacen “mandados” o imitan a los mayores en sus actividades.

LOS BOCACHIQUEROS

El Bocachiquero es un ser lúdico, dinámico, creativo, poco apegado al dinero, no mercantilista, con un profundo sentido religioso, con una tradición oral que no deforma la realidad con imaginería, sino con la transmisión subjetiva del relato, negativista frente a los hechos, arraigado a su territorio y a sus tradiciones, aferrado profundamente a la vida, solidario, con un sentido de su cuerpo como reflejo de su espíritu y su mente, para quien el hacer y el tener son menos importantes que el sentir y el ser, para quien el trabajo es sólo el medio de reproducción de su subsistencia, y la familia y la mujer son el eje principal de ella, son una extensión de la vida comunitaria.

Estas son personas para quienes la música y el baile están íntimamente ligados a su vida individual y comunitaria, en quienes predomina la intuición sobre la razón, el hoy sobre el mañana y el ayer sobre el hoy, con una rebeldía latente que no manifiesta abiertamente pero que es el resultado de ese espíritu ancestral que aún permanece, que se vehiculiza en eso que popularmente se llama “mamadera de gallo”( vocablo o expresión del argot popular que en Cartagena significa restarle seriedad a las cosas aparentemente trascendentales, es algo así como bromear, evadir, eludir) y que no es más que la evolución de una práctica colonial propia de los sectores dominados o marginados de la época donde se manejaban aparentemente, los códigos del dominador, pero que en su vida de grupo desarrollaban mecanismos de supervivencia de su cultura, hechos que fueron muy usuales en la Cartagena Colonial y en los Cabildos de negros como es el ejemplo de Bocachica en donde se ubicó uno de los cabildos mas importantes de la época.

Esta caracterización es la del Bocachiquero que vive en esta otra realidad negada y oculta a la mirada de los demás habitantes de la ciudad, que no se interesan por ella y a la de los miles de turistas, nacionales y extranjeros que llegan y se crean una imagen parcial de la ciudad porque la visitan pero se van sin haberla conocido.

VIDA COTIDIANA E IMAGINARIOS EN NUEVA YORK, CIUDAD DE MEXICO Y SANTAFE DE BOGOTA

Las actividades que la gente realiza en su vida diaria no son ni absolutamente azarosas ni están completamente determinadas. Corresponden en parte al resultado de múltiples influencias en función de sus deseos, intenciones y proyectos, de sus normas de conducta, de su representación y de las actitudes y valores adquiridos. Pero dependen también evidentemente, de las condiciones en las que viven las personas, de las posibilidades que les ofrece el entorno social, de su posición de clase, etc. A su vez, las actividades cotidianas en un ámbito dado no son independientes de lo que sucede en el resto de los ámbitos de la vida social. Todo este conjunto de estructuras (valores, representaciones, actitudes, posición social, y capacidad de decisión) que componen e intervienen en la actuación configuran y estructuran la vida cotidiana.

En otras palabras, las vidas cotidianas de la gente tienen que ver con las estructuras sociales en las que se hallan y también con los valores, las ideas y los ideales en los que han sido y son educados y reeducados.

En la medida que se es adulto y la gente se inserta en la vida social, su identidad y posición social se genera a partir de la articulación de las actividades que realiza en diferentes ámbitos y en la integración de los distintos planos de la personalidad social. Esta interacción y su resultado articulado es lo que se denomina vida cotidiana. La vida cotidiana de las personas gira en torno a cuatro esferas fundamentales: al trabajo, la familia, el tiempo libre y la actividad sociopolítica. Es así como las personas van conformando una imagen de sí mismas y un sentido de la identidad, que permea progresivamente toda su vida diaria.

Ahora bien, el presente escrito pretende hacer un análisis comparativo de cómo se lleva a cabo la vida cotidiana en tres grandes ciudades que, a pesar de que presentan algunos aspectos en común, son mas las particularidades que las diferencian. Ciudad de México, Santafé de Bogotá y Nueva York son grandes espacios en donde se viven un sinnúmero de vidas cotidianas; debido a su complejidad y formas de ser, estas ciudades permiten dar cuenta de la diversidad en todos los sentidos de la palabra, diversidad social, cultural, religiosa, política, etc. Es precisamente esta mezcla de vidas cotidianas, individuales y particulares, las que le dan forma a estas ciudades.

LA CIUDAD

Es necesario tener en cuenta el drástico cambio que sufre la ciudad dependiendo de la hora del día. La diferencia entre el día y la noche se marca en que la sociedad realiza la mayor parte de sus labores durante el día. Con el fin del tiempo diurno aparece la noche y con ella la oscuridad, que marca otro sentido de la vida social y cotidiana; da entrada a los tiempos de descanso, de ocio, de sueño, la vida sexual en la intimidad y en su comercialización, para hacer prevalecer en los ámbitos de lo privado la esencia del secreto.

Peligro y oscuridad son los enunciados de la noche, sobre todo cuando el que se mueve desconoce el territorio; y aún conociéndolo tiene que tomar precauciones. Las ciudades reproducen esta noción de miedo a la noche debido a que en ellas se desarrollan lugares y espacios en donde el peligro siempre está presente, lugares asociados con la delincuencia, la miseria, las drogas, la prostitución o simplemente por el hecho de ser oscuros se les tiene miedo y se evitan. Se tejen historias alrededor de estos lugares y no es claro aún como logran difundirse hasta el punto que se vuelven leyendas urbanas a las que todas las personas hacen caso. Se tejen así una serie de imaginarios colectivos alrededor de la noche como productora de miedo. Los individuos que habitan la noche presentan un cambio de actitud frente a la norma social, porque la noche así lo permite, los ojos castigadores están dormidos y es posible engañarlos, la noche ofrece intimidad y el silencio absoluto da pie para disfrutarla y vivirla.

Las tres ciudades que se analizaran podrían verse en un principio como incomparables debido a las características tan particulares que cada una presenta, pero al momento de habitarlas, caminarlas y vivirlas, es posible darse cuenta de que en las tres se construyen imaginarios y situaciones similares, a pesar de las diferencias étnicas, sociales y culturales presentes en cada una.

NUEVA YORK

La riqueza de Nueva York se halla en el caprichoso abanico de experiencias que determinan su vida cotidiana -dijo John Fitzgerald Kennedy- “y si las otras ciudades son sustantivos, Nueva York es un verbo". Esta cita puede interpretarse de diversos modos, pero lo cierto es que cualquier persona que pase en Nueva York un día o un año, vivirá una diversidad de experiencias tan amplia que comprenden historia, arquitectura, culturas, subculturas, costumbres y tendencias, todas en una sola ciudad.

El secreto para entender Nueva York podría ser entender a los neoyorquinos, pero desafortunadamente no será fácil encontrar muchos ejemplos para corroborar esta afirmación por la sencilla razón de que el neoyorquino no existe, o mejor dicho, el típico habitante de esta metrópoli es coreano, chino, italiano, puertorriqueño, ruso, indio, irlandés y quién sabe de cuántas otras nacionalidades.

Es una ciudad cuyo ritmo es vertiginoso. Incluso los semáforos son más rápidos a la hora de cambiar. Energía y adrenalina fluyen en Nueva York más que en ningún otro lugar del mundo. La “Gran Manzana” es y será siempre la capital cultural y creativa del mundo, el mayor centro financiero, el núcleo más importante en campos fundamentales como el cine, la televisión, la industria del libro, el teatro, el arte, la publicidad y la moda. Nueva York es ambivalente. Atrapa al instante, inspira, alarma y desanima poco después. No se puede ser neutral: o es amada o es odiada.

Caminar por Nueva York implica enfrentarse a contrastes, cada cuadra cambia de ambiente y de dinámica, los inmigrantes han tratado siempre de congregarse en una zona y esta se convierte en un pequeño ejemplo de su país de origen. Por supuesto, los olores siempre son cambiantes, la comida es un factor muy importante de la ciudad, es el elemento por medio del cual las personas pueden dar a conocer su cultura y pueden vivirla lejos de su territorio. Es así como se puede encontrar el sabor y olor que se desee.

La gente se mueve a velocidades impresionantes porque el tiempo siempre es corto, es necesario caminar a la velocidad reglamentada o de lo contrario la masa atropella. Nadie mira a nadie, porque solo se esta pensando en lo que se tiene que hacer en las próximas horas. El individualismo en su máxima expresión. Cada cual vive su propia vida cotidiana acondicionada a las reglas impuestas para mantener una ciudad con estas características en orden y equilibrio. Es un espacio que permite desarrollar las tradiciones y las costumbres de cada cultura siempre y cuando se acepte la diferencia. Es la ciudad de la tolerancia.

EL METRO: TODO UN LUGAR ANTROPOLOGICO

Más allá de su carácter funcional como medio de transporte, se ha convertido en escenario de expresiones artísticas: música, pintura, escultura, fotografía... todo tiene cabida en esta galería subterránea a la que diariamente asisten millones de espectadores. Los viajeros funden tímidas miradas en el interior de los vagones, andenes, escaleras, o en los interminables pasillos que recorren antes de ir al trabajo, a una cita, o al punto de encuentro con una atracción turística. Son visitantes de mochila al hombro, pobres con bufandas agujeradas, ricos con abrigos de piel, celebridades de gafas oscuras, figuras públicas y banqueros; blancos, negros, orientales, chicanos y un monje tibetano leyendo el New York Times; todos participando de la inevitable dinámica que se genera 24 horas al día en el metro de Nueva York. Para todos un medio de transporte, para muchos un dolor de cabeza, para las autoridades una vacuna en contra del caótico tránsito metropolitano, y para los estudiosos un laboratorio social invaluable.

Un ruidoso vagón descansa sus frenos al llegar a la estación. Viajeros apresurados entran y salen del tren que promete llevarlos a casa, al cine, al bar donde espera un amigo. Un hombre intercambia plegarias por un par de monedas mientras docenas de rostros anónimos se pierden en las escaleras tras el letrero de “EXIT”. Y en medio de este desorden, de esta rutina que no por ser diaria es menos caótica, una violinista le hace el amor a su instrumento. Algunos viajeros arrojan monedas al estuche vacío y continúan su camino, otros hacen una pausa y escuchan cómo la música muere un segundo tras la ensordecedora partida del tren. Durante todo este tiempo la intérprete mantiene orgullosa los ojos cerrados. Ella sabe que el rechinar de las vías forma parte de su repertorio de lunes, miércoles y viernes en el andén. Es una Busker, término que literariamente se refiere a "músico callejero", y que por extensión define a los bailarines, mimos, acróbatas y hasta contorsionistas que muestran su arte en alguna de las 468 estaciones con las que cuenta el sistema de transporte más extenso del mundo. ¿Exhibicionistas?, ¿desempleados?, ¿mendigos?, ¿o artistas comprometidos usando sus habilidades para entretener a la audiencia? Bueno, en el mundo de los Buskers hay un poco de todo.

Aunque podría parecer que el común denominador en estos artistas callejeros es hacerse de una forma de vida "sombrero por delante", no necesariamente se trata de artistas desempleados que mendigan por un poco de dinero, o de intérpretes sin preparación. Entre los cientos de hombres y mujeres que adoptan las estaciones del Metro como su propio escenario, se encuentran artistas con formación teatral o estudios musicales y de danza de prestigiosas universidades y academias. La razón que los impulsa a negociar su arte con una audiencia espontánea, a veces cruel e indiferente, en ocasiones atenta y respetuosa, no solo tiene que ver con la cantidad de monedas que se juntan en su sombrero al final de la jornada, lo que impulsa al busker a regresar cada mañana a buscar su pequeño escenario, es la invaluable oportunidad de ser escuchado, admirado y reconocido por miles de viajantes que se transportan en el Metro, siempre con la esperanza de que al menos uno de estos viajantes sea capaz de reconocer su talento. Con un tránsito humano de millones de usuarios diariamente, los andenes, pasillos y estaciones del metro representan para el busker una cita permanente con la mayor audición sobre el planeta.

Es así como el metro se convierte en un lugar donde la diversidad encuentra su máxima expresión, donde todo es posible. Allì, se tropiezan personas tan diferentes, que en otro lugar del mundo podrían estar matándose en una guerra religiosa, civil o por territorio, por diferencia de ideología o simplemente porque sí, pero en Nueva York y especialmente en el metro conviven evitando sentirse, se ignoran, no se miran y les toca tolerarse. Pero el Metro es también el lugar que se evita, al que se le tiene miedo porque no hay salida rápida cuando se presenta una situación de riesgo. Es el lugar al que todos tienen acceso y eso lo hace peligroso, porque incluye personas que pueden hacer daño y lo mas grave, es que puede estar sentado en el asiento del lado, un psicópata, un asesino en serie o bien un magnate multimillonario, un mesero, un estudiante o un trabajador común. Esta diferenciación es imposible reconocerla porque a simple vista, todos a pesar de ser distintos, parecen ser iguales. En este lugar la noche también es evitada pues la soledad produce aún más desconfianza y aunque los trenes funcionan durante toda la noche, los violadores, atracadores, drogadictos, mendigos, psicópatas, etc. (actores amenazantes y normalmente asociados con la noche) podrían buscar refugio en ellos y cualquier persona podría ser una víctima.

Después de caminar la “Gran Manzana”, de tratar de entenderla y de disfrutar de su principal característica, la diversidad, es inevitable sentir el equilibrio en el que se desarrolla este gran espacio. Es tanta la diferencia y la diversidad que en ella se vive que en vez de resultar caótico e insoportable, resulta interesante pues solo se necesita habituarse a la forma de ser de Nueva York para poder vivir en y con ella, con los demás, con esos otros a los cuales podría no tolerarse o no entenderse si se estuviera en un lugar diferente. Es así como se es Neoyorquino no porque así se sienta, o porque las personas se identifiquen con algo, sino porque es una forma de habitar esa ciudad específicamente, entender los códigos que se manejan y acatar las reglas. Antes de ser neoyorquino se es latino, judio, italiano, cubano, mexicano, griego, musulmàn, turco, hombre, mujer, homosexual, todo antes que neoyorquino.

Finalmente, caminar por Nueva York resulta sumamente gratificante y muchas veces desconcertante debido a la cantidad de cosas nuevas que se pueden ver e hibridaciones que se pueden encontrar, todo tiene siempre una razón de ser y una posible explicación, pero lo que nunca se ha podido explicar es ¿Por qué sale humo de las alcantarillas?

SANTAFE DE BOGOTA Y CIUDAD DE MEXICO: ¿PODRÌAN ENTENDERSE Y HABITARSE DE LA MISMA MANERA?

Cuando se empieza a pensar en las diferencias que pudieran existir entre Ciudad de México y Santafé de Bogotá se puede llegar siempre al mismo punto. Las diferencias se pueden entender si se piensa en torno a lo colombiano y a lo mexicano, es decir, lo que radicalmente diferencia las dos ciudades son las características de sus habitantes como hijos de un país (tradiciones, cultura, costumbres, etc.), lo que diferencia al mexicano del colombiano, pero si hablamos del “cachaco” o del “chilango”en vez de diferencias se encontrarían muchas similitudes. Podría hacerse la peligrosa afirmación de que tanto Bogotá como México cumplen y presentan dinámicas muy similares. Tal vez este hecho se deba a que son ciudades inmersas en la problemática latinoamericana y como tal presentan las características socioeconómicas de cualquier ciudad de América Latina.

En estas ciudades sus habitantes viven constantemente pensando en qué hacer para obtener el mínimo ingreso, porque los índices de desempleo son tales que no se vive sino se sobrevive. La gente vive la “cultura del rebusque” es decir que cualquier objeto puede ser la fuente de ingresos y cualquier medio es válido para promocionarlo y venderlo. Es así como la delincuencia, la inseguridad, el robo, son consecuencias de la injusticia social que se vive en estas ciudades, es un círculo vicioso que parece no tener fin. Llegan personas constantemente buscando oportunidades, llegan de todas partes convirtiendo las ciudades en espacios donde se mezclan todo tipo de situaciones y de personas, la ciudad es entonces un espacio de todos pero al mismo tiempo de nadie, es el espacio del que todos sacan provecho, pero ninguno cuida, sus habitantes no se identifican con nada porque siempre están pensando en volver a sus lugares de origen, es la ciudad que nadie quiere, que nadie respeta y en la que todos viven buscando algo a cambio.

De esta manera la ciudad se empieza a llenar de espacios urbanos que evidencian pobreza y delincuencia juvenil, espacios en donde la ley es desconocida y cada uno tiene una concepción propia de justicia. A estos espacios no entra ni siquiera la policía porque allá se tiene una forma propia de autoridad, espacios que muchos quieren desconocer y que no se quieren mostrar. Espacios que se esconden pero que son reales, que son evitados por personas que no están inmersas en la problemática, en esa vida cotidiana de muchas personas. La ciudad entonces es la acumulación de lugares no deseados, pero también de lugares dignos de mostrar, limpios y bonitos, de lugares cuya historia le da forma y significado a la ciudad, de lugares peligrosos, turìsticos, de rumba, etc.

Caminar por estas ciudades significa enfrentarse al tráfico, al ruido, a la inseguridad, a caminar sin mirar al que está caminando al lado porque podría ser amigo o enemigo, nunca se sabe. Significa desafiar el tiempo porque las distancias son tales y los obstáculos tan recurrentes que llegar a determinado lugar se convierte en toda una travesía. Significa desconfiar de cualquier desconocido que se atreva a hablarle, porque muy bien puede ser un agresor. Significa respirar impureza, oír una mezcla de todo tipo de ruidos y sonidos.

Además, de todo lo negativo que implique habitar estas ciudades, son espacios que dan cabida a todo tipo de acontecimientos, en donde lo privado y la intimidad juegan un papel muy importante porque cada cual vive lo suyo sin importar lo que hace el vecino. Son espacios en donde hay diversidad de ambientes y de panoramas, que cualquier persona puede encontrar su propio espacio, el lugar con el cual identificarse, del cual apropiarse y en el cual sentirse feliz.

Las tres ciudades han sido consideradas en algún momento de su historia como las ciudades más peligrosas e inseguras del mundo, debido a sus altos índices de delincuencia, violencia y muertes. Esto ha hecho que los imaginarios del miedo traspasen las fronteras de lo local, es decir, el miedo ya no lo siente solamente el ciudadano, el que habita la ciudad en su cotidianidad, sino que también lo sienten los visitantes, los extranjeros que llegan por determinado tiempo. Es así como ya no se evitan lugares determinados de la ciudad sino que se evita la ciudad entera. El miedo se justifica por la presencia de personajes que después de ser estereotipados son considerados como la amenaza, como productores de peligro, es el “otro” enemigo, es la forma de encarnar el mal en sujetos específicos generándose así discriminación y rechazo. Además de personajes, también se estereotipan zonas de las ciudades y se tejen leyendas a su alrededor, los lugares y las personas se estigmatizan.

Estas son ciudades marcadas por las diferencias sociales, por la marginalidad producto principalmente por los altos índices de migración de personas que buscan en la ciudad una mejor calidad de vida, pero lo que realmente aportan es aumentar la pobreza, el desempleo y hacer notar aún más la injusticia social. Son ciudades en donde la calle es y será siempre una reproducción de la desigualdad. La calle muestra los grupos que la sociedad no quiere ver. Es la calle a donde van a parar los excluidos de la sociedad, a quienes ésta última trata de esconder por ser los síntomas visuales y olfativos de su disfunción.

La relación pues entre la ciudad vivida individualmente y la ciudad imaginada colectivamente es de absoluta interdependencia, la forma como pensamos la ciudad es por una parte producto de nuestras propias experiencias, sensaciones y emociones, sintetizadas en imágenes y representaciones mentales de ella, pero es por otra, punto de partida para vivir y sentir la ciudad.